Alejandro G. Roemmers (Buenos Aires, 1958) acaba de recibir el galardón ‘Madrid Capital de Iberoamérica’ en la categoría de Iniciativa Cultural. No es el primero en su carrera que recibe el poeta y filántropo, que es la única persona laica que ostenta el Premio San Francisco de Asís, al que homenajeó en el 800º aniversario de la muerte del santo con la iniciativa ‘Un abrazo por la humanidad’.
“Un abrazo dado de verdad, con sentimiento”, defiende que puede contribuir a que las personas se sientan más cerca, incluso cuando existen diferencias de pensamiento, religión o procedencia. No se trata únicamente de tolerar al otro, sino de aceptarlo y reconocerlo como un hermano, explica.
La iniciativa aspira a crecer con el tiempo. El autor es consciente de que resulta difícil provocar un cambio profundo en la sociedad, pero considera que las grandes transformaciones pueden comenzar con pequeños gestos. Los vídeos de los abrazos han generado millones de interacciones y su deseo es que, en futuras convocatorias, cada vez sea menos necesario explicar el significado de la propuesta.
La concesión del Premio San Francisco de Asís también ha reforzado su compromiso con la difusión de las enseñanzas del santo. Una de las principales es la fraternidad universal, entendida como la idea de que las diferencias no deberían impedir que las personas se reconozcan como iguales. “No hay un otro, porque el otro eres tú”, explica.
Un abrazo para recordar que todos somos hermanos
El escritor eligió el abrazo tanto por su vinculación con la tradición franciscana como por su propia forma de relacionarse. Pero, además, para Roemmers el abrazo es una forma de transmitir una energía que va más allá de un saludo convencional.
El escritor argentino defiende precisamente la fraternidad, el contacto humano y la necesidad de poner la tecnología al servicio de las personas. También reivindica el amor como aquello que nos hace verdaderamente humanos.
La tecnología avanza, las comunicaciones se multiplican y las personas tienen cada vez más herramientas para estar en contacto. Sin embargo, Alejandro Roemmers considera que esa conexión permanente no siempre se traduce en relaciones más profundas. “Estamos más conectados que nunca, pero cada vez más desconectados”, resume el escritor, poeta y filántropo argentino, preocupado por una sociedad que, a su juicio, corre el riesgo de alejarse de los valores que la definen. Roemmers ha participado en la producción de un documental sobre las adicciones a las pantallas.
La inteligencia artificial y el riesgo de deshumanización
La preocupación por los valores humanos también ocupa un lugar destacado en sus reflexiones sobre la inteligencia artificial. Roemmers no considera que debamos rechazar los avances tecnológicos, pero sí insiste en que su desarrollo debe estar orientado a mejorar la vida de las personas, sin sustituir aquello que nos hace humanos.
Esta cuestión aparece en el tercer volumen de El joven príncipe, la trilogía literaria que está terminando. En esta nueva entrega, el protagonista se enfrenta a la inteligencia artificial, que el escritor contempla también como una expresión del conocimiento acumulado por la humanidad.
A su juicio, la clave está en utilizar estas herramientas para ampliar nuestras capacidades y estimular la creatividad, no para delegar por completo en ellas. La inteligencia artificial puede ayudar a documentarse, encontrar ideas o facilitar tareas, pero no debería sustituir el proceso creativo de quien escribe.
El debate, además, no se limita al ámbito de la literatura. Vinculado al mundo empresarial a través de los laboratorios Roemmers, también considera que muchas tareas repetitivas pueden ser realizadas por máquinas, mientras que las personas deben prepararse para desarrollar aquellas actividades en las que el contacto humano resulte esencial. Pone como ejemplo el cuidado de las personas mayores: un robot puede ayudar en las tareas domésticas, pero eso no significa que pueda ofrecer la misma calidez que una persona.
El escritor también advierte de que la tecnología puede reforzar la polarización cuando confirma constantemente las opiniones que ya tenemos. Frente a esa tendencia, reivindica la reflexión, el diálogo y la capacidad de escuchar argumentos diferentes sin descalificar a quien los defiende.
“La vida no es solo blanco o negro”, viene a recordar con su defensa de los matices. En una sociedad cada vez más inclinada hacia los extremos, considera necesario recuperar la capacidad de reconocer que alguien con ideas distintas puede tener razón en determinados aspectos.
A esa preocupación suma la pérdida de tiempo para el silencio y la reflexión. El bombardeo constante de mensajes, el entretenimiento y la dependencia de las pantallas dificultan, a su entender, que las personas encuentren momentos de tranquilidad para conocerse y establecer vínculos profundos.
Por eso defiende lo que denomina “ecología humana”: reconocer el valor de cada persona, conectar con uno mismo y vivir con un propósito.
Madrid, una ciudad que lleva dentro
Roemmers concede esta entrevista durante su estancia en Madrid para recibir el premio que otorgan el Ayuntamiento de la capital y el Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (CEAPI). Dice que la distinción le hace especial ilusión porque en esta ciudad vivió en un periodo que recuerda como una etapa de descubrimiento personal y cultural.
Su relación con el país quedó reflejada en España en mí, su primer libro de poemas, que reúne textos escritos durante aquellos años. Desde entonces, su vínculo con Madrid ha continuado creciendo. “Madrid es un sentimiento, una emoción”, afirma.
El reconocimiento también conecta con una trayectoria marcada por los proyectos que unen España e Iberoamérica. Entre ellos figuran su participación como inversor en una película que se rodará en España, con guionistas argentinos y actores españoles, y la financiación de una cátedra de industrias culturales en la Universidad Miguel Hernández, orientada a impulsar iniciativas culturales entre ambas orillas.
A estas iniciativas se suman su obra musical Sinfonía Argentina, compuesta junto a Daniel Doura y presentada en España con una dedicatoria al quinto centenario de la primera vuelta al mundo.
Para Roemmers, todas estas iniciativas responden a una misma idea: España e Iberoamérica no son mundos separados. Comparten una lengua y un legado cultural que, en su opinión, merece la pena seguir fortaleciendo.
“Dejar un rastro de amor”
Cuando piensa en el legado que le gustaría dejar, Roemmers vuelve a la idea que atraviesa buena parte de su discurso: el amor. En su relación con España ha procurado dejar una huella cultural a través de sus poemas y de su participación en iniciativas vinculadas a la literatura. Entre otros reconocimientos, ha recibido premios relacionados con Miguel Hernández y Gustavo Adolfo Bécquer, y ha participado en encuentros sobre Federico García Lorca. También ha dejado poemas en la Alhambra.
Pero, más allá de los proyectos y los reconocimientos, lo que desea que permanezca es algo más sencillo. Le gustaría que su trayectoria se recordara como un esfuerzo por mantener vivo el corazón humano. Y si algo queda de él, espera que sea un rastro de amor.



