Su hijo, Álvaro Vargas Llosa, destaca su figura como un "creador" que siempre advirtió que buscar la utopía en la política "conduce al horror".
Madrid ha vuelto a ser el epicentro de la libertad intelectual para recordar a uno de sus mayores exponentes. En el primer aniversario del fallecimiento de Mario Vargas Llosa, el Ateneo de Madrid ha servido de escenario para un homenaje que ha trascendido lo literario para convertirse en una reivindicación de la integridad y el coraje civil.
El acto, conducido por su hijo Álvaro Vargas Llosa, ha congregado a una nutrida representación del ámbito cultural que ha coincidido en señalar la coherencia de un autor cuya vida y obra fueron, en esencia, una lucha constante contra el autoritarismo.
«Buscó la belleza, no el horror político»
Álvaro Vargas Llosa ha definido a su padre como un «personaje complejo y múltiple al que le quedaba chica la vida», subrayando esa curiosidad insaciable que le llevó a querer agotar todas las experiencias humanas. Sin embargo, el momento más político y lúcido de su intervención llegó al recordar la visión del Nobel sobre la utopía, una de las vigas maestras de su pensamiento: «Buscarla en la política conduce al horror; en la literatura, a la belleza».
Pese a su enorme peso como referente del liberalismo moderno y «líder cívico», Álvaro ha desvelado que la voluntad última de su padre era ser recordado, por encima de todo, como un «creador» o «simplemente un novelista».
Integridad frente al pensamiento único
Los participantes en el homenaje han destacado no solo la maestría técnica del autor de La fiesta del Chivo, sino su valentía personal. El escritor Alejandro Roemmers ha ensalzado su «integridad intelectual», recordándole como una figura «sincera y valiente para dar sus opiniones», algo cada vez más infrecuente en los tiempos de corrección política que corren.
En la misma línea, Mercedes Monmany lo ha definido como un intelectual «comprometido con la verdad de su tiempo», mientras que la escritora Gina Montaner ha querido poner el foco en la faceta más combativa del Nobel: su incansable implicación con la libertad del pueblo cubano y su denuncia sistemática de las dictaduras que asolan Iberoamérica.
Anécdotas de un «macho alfa» humilde
El acto no ha estado exento de matices humanos y anécdotas personales. La actriz Magüi Mira ha recordado con humor su primer encuentro con el Nobel, confesando que le impresionó su figura «sensual de macho alfa total», aunque rápidamente descubrió que tras esa fortaleza se escondía una «humildad anclada en su alma».
Por su parte, Maribel Luque, de la Agencia Carmen Balcells, ha rememorado la profunda amistad que unió al escritor con la mítica agente literaria, una relación que rompió las barreras profesionales para convertirse en un pilar fundamental de su vida.
El homenaje, que ha contado también con figuras como Sergio Ramírez o Juan Gabriel Vásquez, ha finalizado con la lectura de pasajes autobiográficos. Un cierre perfecto para un hombre que, a través de la palabra, defendió que la libertad no es solo un derecho político, sino la condición indispensable para que la vida, efectivamente, no se nos quede chica.






