Cinco siglos de soneto y una misma certeza: la poesía como trinchera frente al presente
Un año más regreso a Granada para participar en la XXII edición del Festival Internacional de Poesía. A lo largo de su trayectoria, este encuentro se ha consolidado, por derecho propio, como una de las citas literarias más relevantes del sur de Europa.
Esta celebración del lenguje, de la cultura, crea un entorno donde más de diez mil personas se congregan con un propósito común: escuchar, sentir y compartir la poesía. Tiene la ventaja de poder contar con los escenarios mágicos que construyen la historia de Granada, como la Huerta de San Vicente, donde, sobre el verde más lorquiano, la lectura de poemas y el flamenco adquieren una dimensión ritual, con cada sonido invocando al pasado y mirando, con esperanza, al futuro.
Otro escenario incomparable es el Palacio de Carlos V en la Alhambra, también especialmente importante para la poesía en nuestra lengua. Precisamente, en esta edición se conmemoran los 500 años del encuentro entre Pedro Navagero y Juan Boscán en la Alhambra, un momento decisivo que inspiró a Boscán a experimentar con el soneto en lengua castellana. Afortunadamente, aquella conversación abrió una puerta que transformaría la poesía en español para siempre.
‘La Alhambra herida’
En recuerdo de ese encuentro ha nacido un libro único que reúne los sonetos de diez poetas que cantan a la Alhambra, así como ilustraciones exclusivas, y en el que ha sido un honor participar con La Alhambra herida. Para un creador, enfrentarse a un soneto es aceptar un desafío constante. Es poner riendas a un potro salvaje: la emoción irrumpe con fuerza, pero la forma exige precisión, contención, arquitectura. El soneto obliga a pensar, a elegir, a descartar; exige una suerte de cirugía verbal que separa lo esencial de lo accesorio. Y en esa tensión, en ese equilibrio entre impulso y medida, surge muchas veces la verdad poética.
Como comentamos Luis Alberto de Cuenca y yo en nuestro diálogo en la Facultad de Ciencias de la Educación moderado por Remedios Sánchez, este libro, y nuestro encuentro, prueban que el soneto sigue teniendo la misma vigencia cinco siglos después, no solo en España, si no en todo el ámbito hispánico. Como siempre, fue un privilegio compartir y leer nuestros poemas y sentir cómo la musicalidad del soneto encuentra un eco en el silencio atento de los estudiantes. Hay algo profundamente esperanzador en esa conexión con las nuevas generaciones, que permite comprobar que la poesía sigue encontrando oídos dispuestos y corazones abiertos.
Me marcho de Granada con el corazón lleno y con la convicción renovada de que la poesía, especialmente aquella que se sostiene en el amor y en los valores humanos, constituye hoy una auténtica trinchera. En un tiempo marcado por la robotización, por la tiranía de las pantallas y por algoritmos que muchas veces vacían de sentido nuestra experiencia, el verso se erige como resistencia. La poesía nos devuelve a nuestro centro, nos reconecta con lo más hondo de nuestro ser y con esa dimensión creadora que nos trasciende.
Granada, con su historia y con su festival, nos recuerda que el lenguaje es nuestra casa más sagrada. Aquí, donde el soneto encontró un hogar hace quinientos años, la palabra sigue siendo refugio y horizonte. Por eso, seguiré acudiendo, siempre puntual, al llamado de la poesía. Porque en ciudades como esta, y en encuentros como el FIP, aún es posible creer en la belleza como una forma de salvación y en la palabra como un acto de fe en lo humano.




